El monstruo liberal y cómo combatirlo

HANS 004Patrocinio Navarro / Las llamadas sociedades de inversión de alto riesgo representan para el neoliberalismo una de esas aludidas fórmulas extremistas aplicadas a la economía. Abrumadoras inversiones contra todo tipo de criterios sociales, éticos, ecológicos, y de transparencia en las propias cuentas en su juego de póquer multinacional interbancacario nos dan idea de hasta qué punto arrasan con esos criterios. Con la connivencia de gobiernos de peleles, desoyen el clamor de los pueblos atrapados en sus redes cada vez más tupidas y más extensas defendidas por medios cada vez más sofisticados y difíciles de enfrentar. Estos tres pilares: ausencia de conciencia ética, fundamentalismo y militarismo son el alma de la globalización.

El capitalismo neoliberal- siempre militarista- es consciente de que es preciso asentar bien esos pilares en la conciencia de las gentes mediante estrategias de pedagogía popular que le aseguren la paz social (o sea el control para la impunidad de sus infinitos crímenes sociales y militares ), y por ello recurre en occidente a las doctrinas de sus Iglesias falsamente cristianas, y domina o corromple los medios culturales y la televisión, la educación, los políticos y los sindicatos. ¿Consecuencias? Iglesias cada vez más fanáticas y agresivas, desinformación y mediocridad televisiva, deterioro de la educación pública y fortalecimiento de la privada, tal como sucede en la medicina y es tendencia general de los estados. Entre tanto, precisan de una política conservadora, pero no simplemente conservadora, sino ultra: el fundamentalismo político. De ello dan buenas muestras los auges del fascismo en Europa amparado por las Iglesias y capitalismo neoliberal, así el creciente poder del sionismo y de su hermano siamés el capitalismo ultra norteamericano.

Todo esto no podría existir si en los pueblos a nivel mundial, o al menos a un nivel suficientemente amplio, existiese un sentido desarrollado de la conciencia personal, una idea inequívoca de la igualdad, la justicia, la fraternidad y la libertad que nacen de o conducen a la unidad. Estos son, uno por uno , los cinco elementos de liberación contra los que arremete con más saña el neoliberalismo y sus secuaces. Saben que su aplicación significa el fin de su reinado.
La experiencia histórica ha demostrado de sobra que los mencionados principios -de alto contenido explosivo para el mundo fanático y los ególatras en general – son primero descafeinados y esgrimidos luego por los ricos y sus gobiernos como auténticos, pero no son más que palabras en manos de unos y otros, incluso llegaron a pervertirse en manos de los que dijeron ser sus representantes revolucionarios.
Nunca se favoreció en los pueblos el desarrollo de esos principios porque su puesta en práctica significa poner en cuestión todo sistema de dominación, toda idea de desigualdad, toda forma de individualismo insolidario,todo fanatismo ideológico. Y los gobiernos sin excepción evitan que esto suceda, por eso arremeten cada vez con más saña hasta contra las libertades formales, se afanan en crear divisiones entre los pueblos y entre los grupos de trabajadores, arruinan a las naciones con inversiones en bancos controlados por ladrones y en apoyar a empresas cuyos pingües beneficios no cotizan a Hacienda y desaparecen en paraísos fiscales. Sin ética alguna ni asomo de cualquier clase de conciencia, los gobernantes neoliberales como lacayos de sus amos los grandes banqueros y multinacionales, expulsan al pueblo al paro forzoso, bajan los salarios, hipotecan de por vida a la gente y la amordazan así por miedo a perder el empleo, lo que aún lo conserven y destrozan la riqueza de los países con ejércitos en continuas guerras. Tan solo en España alrededor de veinte mil millones del gasto militar y los seis mil millones dedicados al clero en un solo año- sin contar todas las demás malversaciones y robos de responsables políticos supone para cada trabajador , un desembolso anual de 1052 euros en plena crisis (para muchos el salario de dos meses).

Mantener esta tensión cotidiana y progresiva hacia los pueblos, es imposible a largo plazo si los gobiernos no ponen en marcha mecanismos defensivos que interfieran y bloqueen toda tendencia contraria a los intereses de sus amos. Estos son algunos
mecanismos de control mental y represión social:
– Mediocres sistemas educativos públicos para crear mentes sumisas y pobres que garanticen sin problemas el relevo generacional.
– Sistemas financieros fuera del control de los parlamentos.
– Medios de comunicación amordazados que adormezcan, entretengan y desinformen, ignoren o deformen los hechos.
– Encargados de sectas, o policía religiosa que se encarga de que no se ponga en cuestión la hegemonía de las Iglesias oficiales subvencionadas con dinero de todos.
– Sistemas progresivos de control policial y administrativo sobre las personas y sus movimientos a fin de disponer de cada uno del mayor número posible de datos, que serán registrados en lugares seguros.
– Fuertes ejércitos y policía que prevengan remotas iras populares ante las crecientes injusticias de los ricos manifiestas en la agresión a sus derechos en todas partes.
– Un poder judicial dependiente de los intereses de los poderosos, y ,por tanto, fácilmente corrupto.

Todos estos mecanismos que se mencionan no son los únicos, pero sí esenciales para que funcione esta maquinaria mundial de destrucción de recursos naturales, riqueza y bienestar social, libertades, puestos de trabajo,y otras cosas más que no hacen más que evidenciar que se pierden las conquistas sociales conseguidas en siglos; que involucionaron los parlamentos y que la política no es ya otra cosa que el modo de manipular pueblos para que se realicen los planes empresariales de los grandes tiburones de la industria y las finanzas.
Todo ello tenemos que superarlo desde la revolución de la conciencia. Y el tiempo no cuenta, porque llevamos milenios aguantando a los primos de todos estos.

¿Dónde comienza la revolución

¿Dónde hallar esa energía que haga capaz a cada persona de asumir y practicar en su vida y en su entorno la libertad, la justicia,la unidad, como algo natural y llevar la fraternidad como bandera? Sin duda que de la fuentes espirituales, porque si algo nos quedó claro es que no sirve de nada reclamar fraternidad o manifestarnos por la paz mientras sintamos rencor contra alguien; reclamar justicia ,si dejamos que otros hagan por nosotros lo que nosotros somos capaces; reclamar igualdad o unidad, si somos machistas ;reclamar libertad si somos intolerantes y nos gusta dominar.
La batalla que se tiene que ganar comienza en la conciencia, o no se ganará nunca.Esto puede tardar en ser admitido por una persona anclada al materialismo,atrincherada en las viejas ideas de revolución social, pero la energía necesaria para transformarse a sí mismo es de orden espiritual y opuesta a todas las formas del materialismo y de opresión. Se conecta con ella, junto a las opciones pacíficas para cambios sociales, al cumplir los mandamientos de la vida dados a Moisés y el Sermón de la Montaña del Cristo, el más perfecto programa revolucionario.Para muchos, Jesús es simplemente el carpintero de Nazaret. Para otros, se trata  de nuestro Redentor y Libertador. Para todos, con poco espacio para las dudas, es el Ser más puro que pisó este Planeta y que encarnó para enseñarnos el modo de salir del atolladero de lo humano inferior: El Sermón de la Montaña, del que las iglesias llamadas cristianas hace milenios que renegaron, tanto como del propio Cristo.
Ampliación de la conciencia, espíritu crítico, tolerancia, bondad, altruismo, cooperación, libertad, justicia, unidad, igualdad, ¿por qué no forman parte de los programas educativos? Ahora ya lo saben.

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